El concierto está lleno pero yo estoy vacía. Es como una frase pegada que no se quiere ir.

 Y que ha activado mi mente esta mañana mientras sonaba Residente en el ordenador de trabajo. Hace apenas tres meses que volvía de un concierto en una sala pequeña, de esas que nunca abren antes de las 22 y siempre encuentras a alguien familiar en la puerta. Con focos, con gente, con fiesta.

Ahora me siento encerrada en casa como que “nunca estoy” como que me cuesta conectar. Como que la musica cuesta ser escuchada. La música en directo es terapia. La musica consumible es un placebo barato. Un diazepam que sabes que te hará dormir pero no suplirá el hueco que ha dejado el verano a la vista con incertidumbre para el tejido musical de la ciudad. Da igual desde la cual lo estes leyendo. Es algo que va más allá.

 

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