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Viña Rock Part II: “Esta es tu manada”

Nuestro compañero H Sonora, tras analizar las notas tomadas en su crónica, continuó con su relato de la Segunda jornada tras la fiesta de bienvenida que fue de las más intensas de su aventura en Villarrobledo:

Después de unas horas de oscuridad, en las que cayó una buena tromba de agua, el segundo día se presentaba como el más fuerte del festival, queriendo ver algún grupo en todas las horas disponibles. El fuerte y helado viento que se sentía a rachas, obligó a quitar todos los carteles y banderas atadas por seguridad, desde la puerta de acceso hasta los emblemas de las bandas. Lo cual hacía que fuera un poco extraño y desangelado. Pero mejor prevenir que curar, oiga. La parte musical arrancaba con Konsumo Respeto en un alarde de fuerza. Era la primera vez que les veía, y lamenté que les tocara abrir el día. Se notó la poca gente habitual de esas horas, aunque a ellos no pareció importarles demasiado y se esforzaron de lo lindo. Creo que con un público mayoritario, lo habría disfrutado más. Luego le tocó el turno a los renombrados Los Benito, de vuelta tras el parón ficticio y con nuevo disco. Lo más destacado fue que después de un comienzo fulgurante con temas como ‘Loko’, donde la gente se explayó de lo lindo, siguió una seguidilla que sólo los más fans reconocían. Esto hizo que el público se enfriara un poco, lo que acabaría perjudicándoles. Por supuesto remontarían en la parte final con más clásicos, aunque alguno guardaron para otra ocasión.

El primer concierto que iba a ver entero en el escenario Negrita o mestizaje, a parte de la fiesta de bienvenida (parece mentira) era Russkaja. Los austríacos (que no rusos) ya habían estado el año pasado y habían dejado un muy buen sabor de boca. Pues se podría decir que este año se superaron, a pesar de tardar 20 minutos en iniciar su concierto. Porque en cuanto la violinista Ulrike Müllner empezó a darlo todo sobre el escenario, consiguió que nos olvidáramos de retrasos y demás tonterías. Con el más que probable mejor sonido del festival y el citado virtuosismo de su violinista, y por supuesto sin desmerecer al resto de la banda, consiguieron un continuo ambiente festivo que el público abrazó y lo hizo suyo. Concierto realmente bueno que se disfrutó realmente. Tras terminar, y sin tanto retraso, llegaba el turno de Kaotiko en el escenario contiguo. Llevaban unos años sin aparecer por estos lares y no arriesgaron en su setlist. Un potente y constante torrente de canciones (como el viento que no les perdonó durante su actuación) cantadas sin descanso por los asistentes. Incluyendo, como no, su agradecida versión de ‘No somos nada’ de La Polla. Tristemente hubo que volver a lamentarse del sonido, ya que prácticamente no se entendía a Jony al inicio.

De este modo, sin parar desde la apertura de puertas, volvía al escenario Negrita para disfrutar de Trashtucada, de vuelta tras su año sabático con disco nuevo, cambio de bajista y hasta pérdida de las rastas de Juanmi. Todo eso han evolucionado los de Chiclana, y se nota. La combinación de la alegría de Eli y el desparpajo de Juanmi es algo que siempre les ha funcionado, pero con cada nuevo disco han intentado moldear un poco más su sonido. Lo que han conseguido con todo esto, es que hoy por hoy sea prácticamente imposible que no conecten con cualquiera en algún momento de sus conciertos. Para los más reticentes queda su ya eterno “De festi, vale?”, la perfecta definición de los festivales en general y el Viña en particular, con el que por supuesto se despidieron.

En la crónica del primer día comenté que al estudiar el cartel antes de ir a Villarobledo (algo muy de pre-Viña), parecía haber un hueco importante reservado cada día. Este segundo día estaba guardado para un conjunto que, después de 15 largos años de trabajo, merecía al fin su consolidación en el Viña (lo del año pasado se podría decir que fue un borrador de lo ocurrido éste). Era el día de Desakato. Lo logrado por los asturianos es digno de admiración. La evolución que han logrado en este festival, donde han pasado de abrir el día a encabezarlo, es encomiable. Lo han conseguido a base de carisma y fuerza en el escenario, con una calidad musical abrumadora. Además, en un estado de gracia permanente: por citar un ejemplo, en el pasado RAF de marzo subieron a cantar ‘Sexo en la calle’ con ‘Los de Marras’, y la ya de por sí excelente canción mejoró muy notablemente. En la actuación del Viña, aparte de los habituales vuelos y demás locuras de Pepo, el público agradeció detalles como citar a ‘Moderdonia’, o gestos como el pogo sólo para mujeres (lo que le hubiera gustado a mi querida Sabri) de ‘Animales hambrientos’, que se repetiría en el reciente Rivas Rock, con mensaje incluido para la víctima de Pamplona: “¡ésta es tu manada!”. A saber dónde tendrán el límite, si es que lo tienen.

El día no terminaba con el espectáculo ofrecido por Desakato, pero creo que hubo un error al colocar a continuación a Rulo y la contrabanda (llevaban mucho tiempo sin venir, así que hubo que sacrificar a Medina Azahara). No se puede pasar de un grupo que te exige tanto como público a otro que lo hace tan poco. Como muy bien me señalaron, parecía que el concierto era una especie de melancolía constante a La Fuga. Lo cual, al menos en mi caso personal, no es precisamente bueno. Hubo un momento, antes de terminar y totalmente desconectado, que incluso me fui al escenario de al lado. Prefería coger sitio para Soziedad Alkóholika, a pesar de estar sorprendentemente medio vacío. Sobre todo si se compara con previas de actuaciones de años anteriores. Pero bueno, una vez comenzaron y el público empezó a ser el de costumbre, dieron una nueva lección. Cómo dice el que me metió en todo este jaleo (gracias por eso), son un auténtico caballo ganador. Sorprendió que no tocaran ‘Motxalo’, pero nadie se los echó en cara. Un setlist lleno de otros clásicos y sin parar el ritmo fue la razón.

Siguiendo con el día de las consolidaciones tocaba Hora Zulú, aunque esta vez la confirmación era sólo a título personal. Era la cuarta vez que les veía, y ya puedo confirmar que estoy totalmente atrapado por lo que ofrecen los granadinos. Un torrente musical aplastante de fuerza, a pesar de contar con una sola guitarra (por lo que me recordó por momentos a Berri Txarrak). Hay que reconocer que estuvo todo perfecto, desde el sonido hasta las luces. Y el saber estar de Aitor mientras canta, es para verlo. Agradecido al bárbaro que me los descubrió. Fue tanto lo que me entregué con ellos, que mi cuerpo ya no dio para más y tuve que irme a descansar al inicio de Non Servium. Y ya me dolió, porque mira que tenía ganas de verles. Encima, mi ya citado mentor y mi mejor discípulo me dijeron que estuvieron realmente bien y que me habrían encantado. También de Mafalda, último grupo del día, me contaron que había mucha gente, sobre todo para ser la hora que era. A ambos les gustó mucho; queda pendiente verles en directo alguna vez.

 

¿Quieres saber como finalizó la aventura de nuestro reportero en Villarrobledo? Permanece atento, ¡Llegará muy pronto!

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